Turismo sostenible en Ladakh

"Cuando viajar es preservar el paisaje". Así se titula el último texto que he publicado en la revista Lonely Planet, dentro de la sección "Viaje responsable".
Os invito a leerlo.

Revista Lonely Planet, núm. 25
Septiembre de 2009.


Por la Ruta de la Seda. Las Cuevas de Mogao


A 20 kilómetros de la ciudad de Dunhuang, en la orilla de un acantilado reseco en medio de las arenas del Taklamakan, se esconde un verdadero tesoro: miles de esculturas de Buda, bodhisavas, pinturas y manuscritos reposan desde hace más de 1.000 años protegidos en 492 cuevas, al abrigo de la erosión de las tormentas de arena y del embate destructor de ejércitos mogoles y chinos.


Durante más de 1.000 años, las Cuevas de Mogao han visto como peregrinos y monjes budistas decoraban sus paredes con delicadas pinturas murales, esculpían más de 2.500 estatuas y guardaban documentos y manuscritos en lengua sánscrita, sogdiana, tibetana o china. La riqueza que aquí reposa es un fiel testimonio de la vida diaria, de las costumbres, el vestuario, la danza... y muestra la influencia de las diversas culturas que atravesaron la región durante siglos, siguiendo los caminos de la Ruta de la Seda.


Las cuevas fueron “re-descubiertas” por el monje Wang Yuan Lu, allá por el 1900, pero pronto cayeron en manos de los arqueólogos europeos Stein, Carter y Pelliot. Antes de que las autoridades de Beijing se dieran cuenta de lo que estaba pasando, 7.000 manuscritos y 500 pinturas de Mogao -algunas arrancadas de la roca- entraban a formar parte del British Museum, y 6.000 manuscritos y pinturas viajaban por vía marítima hacia el Louvre.


Las Cuevas de Mogao han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (visitad el sitio con panofotografías 360) y forman parte del proyecto arqueológico “The International Dunhuang Project”.


Fotografía extraída de Wikipedia, Cueva de Dunhuang, que muestra el viaje de Zhang Qian hacia el oeste.


Enlaces relacionados:

Mesenlla

Amu Daria


Por la Ruta de la Seda: bordeando el desierto del Taklamakán por el ramal norte

De Kashgar a Turpan y Dunhuang.


Mientras me pregunto si las 30 inacabables horas de recorrido por el tramo norte de la Ruta de la Seda serán suficientes para dejar atrás el desierto infinito de piedra y roca, el tren comienza a detenerse. Las puertas se abren, pesadas, dejando entrever una estación aún adormecida. Me apeo del tren y ando lentamente bajo la protección de un porche metálico de nueva construcción. En unos minutos, el ambiente grisáceo de la estación se llena de gente que corre a ríos en una única dirección. El bochorno me hace sudar espalda abajo y el gentío me empuja hacia la salida. De repente, el universo se vuelve naranja, como si lo viera a través de un filtro de la cámara. La tierra es naranja, el cielo naranja, el aire que respiro, naranja. La inmensidad del desierto del Taklamakán cae sobre mi, implacable, golpeándome en la cara, aturdiéndome, ahogándome con su aliento caliente.


Treinta horas de monótona ruta han dejado atrás el Uiguristan, las plegarias a Alá y los kebabs, para dar paso a una población han que engalana las tiendas con colorines y luces de neón, reza al dinero y come arroz salteado.


Pero el Taklamakan, el más temido de los desiertos para los viajeros de la Ruta de la Seda, permanece aquí, en el punto donde se reencuentran los ramales norte y sur, imperturbable.



Fotografia: Imagen del desierto del Taklamakan, extraída de www.virginmedia.com


"Por los caminos del mundo", en La Vanguardia

Esta semana, La Vanguardia Digital ha destacado el blog "Por los caminos del mundo", dentro de la sección "Tengo un blog".

Esta sección quiere dar a conocer blogs de cualquier temática, mediante unas palabras de presentación de sus autores.

Fue una experiencia muy divertida, ya que el primer día el blog en catalán "Pels camins del món" apareció en portada y el contador empezó a sacar humo, alcanzando al final de la jornada un récord de entradas.



Por la Ruta de la Seda. Turpan.

La historia ha honrado al valle de Turpan rodeándolo de las antiguas ciudades de Gaochang y Jiaohe, de las que han sobrevivido monasterios, pagodas y tumbas, y algunas trazas de pinturas budistas, de mosaicos y de esculturas.

La madre naturaleza lo ha sepultado 154 metros bajo el nivel del mar, sometiéndolo a abrasadoras temperaturas durante el verano y a intensos fríos en invierno.

La mano del hombre ha construido una de las joyas de la arquitectura de la Ruta de la Seda, la mezquita del Emin Khoja, de la que sobresale un precioso minarete cilíndrico de ladrillos de adobe de 44 metros de altura.

¿Y la Ruta de la Seda? La Ruta de la Seda le ha hecho receptor de conocimientos tan valiosos como los karez, una técnica milenaria que recoge el agua de las montañas y la transporta por canales subterráneos hasta las aldeas y los campos, en redes que se extienden a lo largo de más de 1.600 kilómetros bajo tierra.

De la combinación de esta agua y de las elevadas temperaturas, ha florecido un oasis de agricultura que cada temporada regala a sus habitantes el frescor de las peras, el aroma de los melocotones, la melosidad de los albaricoques y el dulzor de unas uvas de tanta calidad, que se conocen en toda China como las mejores del país.

Pero Turpan nos relata que ha sufrido la huella de terremotos, la destrucción de ejércitos y el expolio de exploradores y campesinos, y las antiguas ciudades son ahora un recuerdo de lo que un día fueron. Los karez tienen que descubrirse con la ayuda de un guía local, pues la oficina turística muestra sólo una recreación en cartón-piedra.

¿Y la mezquita del Emin? Esta maravilla rodeada del verdor de las vides a orillas del desierto del Taklamakan, fue capaz de transportarme a los tiempos de la Ruta de la Seda, a los tiempos del cansancio y del polvo, del viaje y del peligro. Su minarete de estilo afgano que se levanta presumido exhibiendo geométricos dibujos florales me hizo recordar el motivo del viaje, oler su historia... y soñar de nuevo.


Fotografía: Mezquita y minarete del Emin Khoja, Turpan, Xinjiang (China)

La aventura de viajar

Ayer se cerró, hasta pasado el verano, el ciclo de proyección de audiovisuales "La aventura de viajar", en el Centre Cultural de Cambrils (Tarragona), con la charla-coloquio y proyección de fotografías bajo el título "Un viaje fascinante: Camboya y Vietnam a través del Mekong", a cargo de la autora de este blog y de Lluís Bono, autor del blog mesenlla y co-autor de la web mesenllà.

Desde aquí queremos dar las gracias a todos los que asistísteis, por el interés mostrado, los ánimos que nos dísteis y el calor que nos brindásteis durante la larga hora que duró el acto.

Os adjunto la noticia (traducida al castellano) publicada en la revista digital del municipio, Revista Cambrils, así como el enlace

"La aventura de viajar" describe los paisajes y vivencias en Camboya y Vietnam
Texto y fotografía: Josep Maria Ferrando

"Lluís Bono y Núria Borràs mostraron, ayer por la noche, su viaje a través de Camboya y Vietnam.

Un viaje fascinante a Camboya y Vietnam a través del Mekong fue el título de la charla-coloquio que tuvo lugar ayer por la noche en el Centre Cultural i Ocupacional, dentro del ciclo "La aventura de viajar". El título describe de la mejor manera posible el viaje que hicieron Núria Borràs y Lluís Bono a estos países el mes de octubre del año 2005.

Con la proyección de unas fotografías de mucha calidad y la música idónea, esta pareja viajera supieron contagiar su pasión por los viajes al público que llenaba buena parte de la sala.

Los viajeros describieron los paisajes y vivencias de su estancia en Camboya y Vietnam. Comenzaron visitando los templos de Angkor de la selva comboyana, la capital del país, Phnom Penh, después pasaron a Vietnam, haciendo el recorrido por el delta del Mekong y desplazándose hacia el norte del país, visitando ciudades como Hanoi, disfrutando de unos días de trekking por las montañas y finalizando en Halong Bay, donde hay más de 1.600 islas.

Núria y Lluís supieron transmitir al numeroso público asistente una mirada muy cuidada que va mucho más allá del viaje turístico, hablando del tipo de comida, de la amabilidad de la gente, de sus costumbres, de la variedad de étnias y de muchos otros pequeños detalles que hicieron revivir su viaje".


De Kashgar a Xi'an por la Ruta de la Seda

"El despertar de la Gran China". Así se titula el último número de la revista Dviag, una revista digital dirigida al viajero independiente que ofrece propuestas de viaje alternativas muy interesantes. Los relatos están escritos por los mismos viajeros, como tú y como yo, y en este número he podido colaborar con un relato sobre la Ruta de la Seda: "De Kashgar a Xi'an".

Podéis leerlo on-line o descargaros el PDF de esta revista, para leer otros artículos que seguro os van a gustar, así como otras revistas dedicadas a Perú, Brasil, Tailandia... También se ofrecen destinos, lugares a visitar, consejos viajeros,... y hasta podéis participar en el foro . Todo esto en el portal Viamedius.com.

Os adelanto unas líneas del texto "De Kashgar a Xi'an"...

"China es superlativa. Con un territorio de más de 9,5 millones de kilómetros cuadrados, 14 países vecinos, unas 50 minorías étnicas y más de 1.330 millones de bocas que alimentar, China crece en cifras a una velocidad de vértigo. Ahora que está de moda y que las aerolineas ofertan precios interesantes -un billete a Beijing puede salir por 540 euros- ¡Nos vamos a China!


Decidir qué parte del país visitar, ante un mapa casero compuesto por tres fotocopias Din A-3 pegadas con celo, no fue tan fácil: desde las frías estepas de la Baja Mongolia hasta la subtropical y exótica Yunnán, pasando por el modernizado este, con la Gran Muralla y un Beijing Olímpico, la popular Yangshuo, las megalópolis futuristas de Shanghai y Hong Kong, la siempre ansiada altiplanície del Tíbet..." seguir leyendo.



Fotografía: Fin del Ramadán en la mesquita Id Kah, Kashgar.

Ladakh, un mes en el paraíso


"Cuando los vaivenes de un viaje te dejan en un lugar de paisajes fascinantes, sin ruidos ni contaminación, donde sus gentes sonríen al verte y una paz espiritual se respira en el aire, ¿qué puedes hacer, más que abandonar tu planificada ruta y dejarte llevar? Esto es lo que hicimos en Ladakh. Escondido entre los pliegues del Himalaya, sus paisajes son muros de piedra con oraciones grabadas, monasterios budistas que se encaraman por las colinas, banderas de oración bailando al viento..."

Con estas palabras comienza mi relato "Ladakh, un mes en el paraíso", publicado en el número de abril de la revista digital de Fronteras de Papel. Espero que os guste.

La revista Fronteras de Papel es una interesante iniciativa llevada a cabo por Mercè Criado y Joan Biosca, que nos descubren el mundo a través de historias, relatos y fotografías de una gran belleza. Visitadla, pues seguro que os encantará.


Fotografía: Novicio en Thiksey, Ladakh (Índia), de Lluís Bono.

Por la Ruta de la Seda. Kashgar. Oasis de historia

El viajero actual que llega a Kashgar después de cruzar los colosales Pamires a través del Irkeshtam o del Torugart, ya sabe que no verá la silueta de ningún caravasar esperando para darle reposo. Sabe también que no tropezará con ninguna procesión de camellos bactrianos cargados de valiosa mercancía. Tiene la certeza de que no se topará con mercaderes sogdianos, ni chinos, ni turguises ni tibetanos. Pero sueña con ello.

El viajero actual que llega a Kashgar siguiendo los pasos de la Ruta de la Seda lo hace cargado de ilusión, a pesar de que Collin Thubron recuerde su viaje como “la sombra” de la Ruta de la Seda, o que Marc Morte lo describa como “sueños perdidos”. El viajero de hoy en día alberga esperanzas de encontrar algún vestigio del rico pasado mercader de la ciudad. Lleva demasiado tiempo fantaseando con evocadoras ciudades-oasis, con historias de poderosos imperios, con leyendas de ricos emperadores, de bravos guerreros, de peregrinos, de princesas…

Cuando el viajero sediento de culturas antiguas deja caer sus huesos en Kashgar, desfallece ante las grandes avenidas de cuatro carriles que dividen la ciudad, ante los enormes edificios en plena construcción, ante las luces de neón que rotulan los comercios chinos. Pero no se rinde, pues sabe que aquello con lo que lleva tantos meses, tantos kilómetros soñando, aguarda detrás de los bloques de hormigón como un deslumbrante tesoro que espera ser encontrado.

Y es entonces cuando el viajero consigue un plano y se situa. Esquiva un taxi amarillo, cruza la ajetreada avenida Seman Lu... y allí está: un pedacito de historia atrapada en una botella de cristal. Casas de ladrillo de arcilla, plantas bajas y geranios, estrechas callejuelas que huelen a especias, mujeres con pañuelo, viejos que charlan, niños y canicas, asnos y carretas, kebabs de cordero, el crujir de una sandía bajo el filo de la navaja… la vida, en fin.


Para saber más:
Mesenlla Travel
Amu Daria
La Ruta de la Seda

Fotografías: calles de Kashgar, Xinjiang (China)

Por la Ruta de los Himalayas. Viejo Rumtek


Dos kilómetros más allá de la entrada del monasterio de Rumtek, montaña arriba, se encuentra el monasterio de Rumtek. El viejo.


Tan sólo dos kilómetros y ni rastro de los militares: Se han quedado vigilando las entradas, no sea que llegue el Karmapa y tome posesión de su puesto. (véase la entrada sobre el monasterio de Rumtek Nuevo).


Ni rastro tampoco de los turistas: Se marcharon con prisas para cumplir con el calendario de visitas. Error. No verán uno de los monasterios más apacibles de Sikkim.


Asentado sobre la pendiente de la montaña y de cara al valle, la vista se alarga por el camino que serpentea hasta el monasterio blanco. Decenas de banderas de oración verticales marcan el paso. Un monje joven cuelga la ropa color azafrán acabada de lavar. El monasterio reposa junto a un patio verde y callado. Es sólido, cuadrado, sin terrazas. Unos monjes ponen a secar arroz, a cobijo de las paredes del monasterio. Oigo cantar a los pájaros. Huelo las hojas de ciprés que queman. En una sala sin puertas, el monje-profesor escribe la lección en la pizarra. Dibuja bonitas curbas del alfabeto tibetano.

Dentro de la sala de oraciones reina la misma calma. Una chica occidental practica medicación. Viste un sari rojizo y un pañuelo naranja que le sujeta los largos cabellos. Dos niños-monje limpian el altar. Escoban, quitan el polvo, tiran las flores marchitas... El más grande estira la túnica del otro y nos señala. Éste viene hacia nosotros. Namasté. Nos ofrece unas galletas envueltas en plástico.

- No, gracias –le digo-. Son para Buda.

- No, son para vosotros. Buda ya ha comido.


Fotografía: Monasterio Viejo de Rumtek, Gangtok, Sikkim (India).


"Dieta rigurosa en el Himalaya"

Os presento mi segundo texto publicado en una revista de viajes. Espero que os guste.

Revista Altaïr núm. 57

Enero de 2009





Proyección de fotografías y charla sobre la Ruta de la Seda

De Bishkek (Kirguistán) a Xi'an (China)

Este viernes 27 de febrero, en Espai 210 (c/ Padilla, 210 baixos, en el barrio de la Sagrada Familia, en Barcelona) y dentro del Ciclo "Els secrets de la Ruta de la Seda", realizaremos una proyección de fotografías y una charla sobre el Kirguistan y la China, recordando el viaje que hicimos siguiendo la Ruta de la Seda, el año 2007.

Pero antes, a las 19.00 horas, tendrá lugar el pase de la película “La historia del camello que llora” (90 minuts), 2003. Alemanya – Mongòlia / Dirección; Byambasuren Davaa y Luigi Falorni / Nominada al Oscar como mejor Documental corto 2005, Premio de la Crítica Internacional en el Festival de San Francisco 2004 y Premio del Público en el Festival de Karlovy Vary 2004.


Y para cerrar el ciclo “Els secrets de la Ruta de la Seda” se realizará un pica-pica con productos de la Ruta de la Seda, acompañados por Asyl Ryskulova que nos ofrecerá un buen puñado de anécdotas y comentarios sobre la gastronomía de estas tierras.

Os esperamos!


Por la Ruta de los Himalayas. Enchey Gompa

El potente desayuno del Oberoi’s Barbique Restaurant nos da las fuerzas necesarias para este día de visitas por Gangtok. Varias agencias locales ofrecen tours por la ciudad y sus alrededores, pero elegimos contratar un taxi para visitar aquéllo que queremos.

El pequeño Tata rojo se dirige montaña arriba hacia el Enchey Gompa. Desde aquí, las vistas son fantásticas. El monasterio tiembla con el griterío de los escolares que hoy también van de visita. Un hormigueo exaltado de jerseys azules hace rodar los molinillos de oración que escoltan el camino. Dentro del recinto, novicios sin pelo corren por el patio repartiendo te entre los monjes mayores. Otros ponen cebollas a secar. Una gran estatua del Buda Sakyamuni preside el templo principal. Las ofrendas que ha recibido son las más cuantiosas que hayamos visto hasta ahora: ollas con arroz hervido aromatizado, plátanos, manzanas, galletas, snacks, especias, figuritas de mantequilla... Hay tantas que llegan hasta la entrada; se diría que esperan en fila la bendición del Buda histórico.

Cuando los escolares terminan la visita, una dulce tranquilidad impregna la penumbra del templo. Saco mi bloc para dibujar lo que veo. Apoyada en la puerta para aprovechar mejor la luz, gasto un buen rato haciendo trazos sobre el papel. Dos niños-monje curiosos saltan por detrás de mi espalda. Terminado el dibujo, me agacho hasta su altura y se lo enseño. Rien, y siguen con el dedo los garabatos, dándoles nombre: esto es arroz, esto son plátanos, esto manzanas, y galletas, y snacks, y especias, y chotpa...



Fotografía: Enchey Gompa, Gangtok, Sikkim (India)